Boreas BOREAS  NATURAL
 

EL PAISAJE COMO RECURSO NATURAL. BREVE APLICACIÓN AL TERRITORIO ARAGONÉS

Javier del Valle Melendo

Dr. en Geografía
Profesor de la Universidad de Zaragoza. Consultor de la Confederación Hidrográfica del Ebro.

1- Introducción
2- Definición de paisaje
3- El paisaje: un elemento dinámico
4- Calidad, subjetividad y preferencias
5- Los paisajes según la dominancia de elementos
6- Variedad y calidad paisajística de Aragón
7- Conclusiones
8- Biografía

1- INTRODUCCIÓN

Frecuentemente se identifica el término paisaje con un elemento de carácter meramente estético o visual. Sin embargo la ciencia cada vez muestra una mayor preocupación por abordar y analizar sistemáticamente el paisaje. En principio depurándolo de condicionantes estéticas para recuperar después el interés por las impresiones emocionales que éste suscita, lo que no deja de ser problemático para la metodología científica.

Este acercamiento está muy relacionado con el interés creciente por desarrollar estudios integrales de las áreas naturales, cuya expresión exterior es el paisaje, o al menos los elementos más evidentes y fácilmente perceptibles de éste, el llamado fenosistema (González Bernáldez, 1981).

El estudio del paisaje va, por lo tanto, muy ligado al de las áreas naturales, y por supuesto al de su evolución y transformación, bien como consecuencia de procesos naturales o como resultado de la intervención humana sobre ellos.

La consideración del paisaje como un recurso natural y su valoración como tal está muy relacionada con la progresiva importancia que se da a la conservación de espacios naturales, con dos modalidades principalmente:

  • Espacios con alto grado de naturalización en los que la antropización, y por lo tanto las huellas de ésta en el paisaje, es escasa.
  • Espacios en los que la integración de actividades humanas en el medio ha dado como resultado un espacio antropizado, pero con sistemas sostenibles de explotación, en los que el paisaje suele estar compuesto por un mosaico complejo de elementos naturales y antrópicos entre los que se establecen intensas relaciones.

Sin embargo, el concepto de paisaje como recurso natural no debe limitarse exclusivamente a estos dos tipos de espacios, que por supuesto cuentan con una serie de valores naturales y paisajísticos muy especial, sino que debe aplicarse también a los espacios más humanizados, incluso a aquellos que lo están en su grado máximo (las ciudades), pues además de que en todos ellos es posible encontrar elementos naturales en mayor o menor medida, la percepción del entorno tiene un importante papel en el bienestar humano y en la calidad de vida.


Río y bosques pirenaicos © Javier del Valle

2- DEFINICIÓN DE PAISAJE

El concepto "paisaje" ha evolucionado mucho a lo largo de la historia. En un principio estaba muy relacionado con expresiones artísticas, para unirse en el siglo XIX al interés despertado por las áreas naturales y su estudio integral.

Según González Bernáldez (1981) en nuestros días hay dos tipos de acepciones del término:

  • La imagen (percibida, impresa, etc.) de un territorio
  • El conjunto de elementos de un territorio relacionados entre sí, fácilmente delimitables y visibles. Es, por lo tanto, una elaboración teórica sobre el contenido de la imagen

En ambos casos se considera la imagen en su conjunto o a través de sus elementos. Los componentes del paisaje se caracterizan por ser claramente manifiestos, fácilmente observables, apareciendo así una de las características definitorias del paisaje: su perceptibilidad, no sólo visual, sino multisensorial. Así Díaz Pineda (1973) define el paisaje como "percepción plurisensorial de un sistema de relaciones ecológicas".

El segundo tipo de acepción del término implica una consideración global e interrelacionada de todos los elementos, tanto naturales como antrópicos, que constituyen el paisaje. Es la llamada "teoría del paisaje integrado", perspectiva desde la que aparecen definiciones como:

  • El paisaje no es la simple suma de elementos geográficos separados, sino que es -para una cierta superficie espacial- el resultado de las combinaciones dinámicas, a veces inestables, de elementos físicos, biológicos y antropológicos, que engarzados dialécticamente, hacen del paisaje un cuerpo único, indisociable, en perpetua evolución" (Bertrand 1968).
  • El paisaje es la resultante de la agregación de los caracteres físicos del medio físico, de los rasgos físicos del medio biótico mas la huella física de la lenta (hasta hace pocos años) transformación humana" (Gómez Orea, 1985).

Así quedan recogidos los que, a nuestro modo de ver, son rasgos característicos y definitorios del concepto "paisaje":

  • Ha de ser percibido
  • Integra un conjunto de elementos, tanto visibles como no visibles, de origen natural y antrópico
  • Es un elemento dinámico, en continua evolución y transformación

3- EL PAISAJE: UN ELEMENTO DINÁMICO

El paisaje está en permanente evolución como consecuencia de:

  • Procesos dinámicos naturales del medio biótico (evolución de la vegetación, colonización , sustitución, etc.) y del medio abiótico (procesos erosivos o sedimentarios, transformaciones de los cursos fluviales, procesos glaciares, etc.)
  • Procesos antrópicos: roturaciones, talas, transformación de usos de suelo, instalación de infraestructuras, etc.

Hemos de considerar que el hombre es un elemento más de la naturaleza, unido a ella por vínculos de interdependencia, por o que es parte integrante de los ecosistemas. Su papel en ellos es muy activo, especialmente en los últimos siglos, en los que la tecnología desarrollada permite unas intervenciones sobre el medio imposibles anteriormente, lo que ha aumentado y acelerado los procesos de transformación antrópica de éste, y por lo tanto la evolución de los paisajes.

Cada uno de los medios citados (biótico, abiótico y antrópico) va a tener diferente peso específico en cada unidad de paisaje, estableciéndose entre ellos una serie de relaciones e interdependencias que dan unidad al conjunto y determinan su evolución. Las dinámicas evolutivas de los procesos indicados se desarrollan según escalas temporales muy diferentes. Hay dinámicas de ciclo corto:

  • En el medio abiótico: desprendimientos de ladera, ciertas transformaciones en el medio fluvial, caídas de bloques, etc.
  • En el medio biótico: muerte de individuos como consecuencia de desprendimientos, incendios o caída de otros individuos, cambio en poblaciones debido a plagas o enfermedades, etc.

Las dinámicas de ciclo largo en muchas ocasiones tienden a restaurar el equilibrio perdido como consecuencia de una dinámica de ciclo corto o de una intervención humana. Son, por lo tanto procesos autoorganizativos que tienden a llevar el conjunto hacia estadios más estables:

  • En el medio abiótico: regularización de laderas, estabilización de cauces fluviales, o costas, etc.
  • En el medio biótico: colonización vegetal, sustituciones o cambios en las especies vegetales y animales como consecuencia de un cambio climático, etc.

Las intervenciones antrópicas suelen causar modificaciones de ciclo corto: una tala, una roturación, cambios en la utilización del suelo, incendios provocados, instalación de infraestructuras de comunicación, etc. Estas modificaciones rápidas desatan procesos de adaptación y reorganización del medio natural, tanto biótico como abiótico, en la mayor parte de los casos de ciclo largo: recolonización vegetal en zonas quemadas o taladas, progresiva invasión de las infraestructuras por la vegetación y materiales depositados, estabilización de taludes, etc.

Los procesos, tanto de ciclo largo, como corto, de los medios abiótico, biótico y las intervenciones antrópicas, interrelacionan fuertemente entre sí. Así, por ejemplo, un desprendimiento de ladera (proceso de ciclo corto del medio abiótico) puede provocar una destrucción de la cubierta vegetal (ciclo corto del medio biótico) y desatar los procesos de colonización (ciclo largo del medio abiótico). Un incendio provocado (intervención antrópica de ciclo corto) provocará una serie de procesos erosivos y de pérdida de suelo (medio abiótico, ciclo largo) que a su vez influirán sobre la rapidez y eficacia de la revegetación natural (medio biótico, ciclo largo) que dará comienzo tras él.

El paisaje es, en definitiva, algo vivo que evoluciona temporalmente como consecuencia de unos procesos naturales y unas intervenciones antrópicas o por el cese de éstas, como ha ocurrido en los últimos años en amplias zonas de media montaña o comarcas deprimidas. Por ello, no ha de considerarse un fenómeno estático susceptible de ser encerrado en una imagen momentánea, sino como algo en permanente evolución, lo que se ha definido como "metabolismo del paisaje".

4- CALIDAD, SUBJETIVIDAD Y PREFERENCIAS

El concepto de calidad de un paisaje está relacionado con la mayor o menor presencia de valores estéticos, lo que está sometido a una fuerte subjetividad. No obstante, se han realizado esquemas sistemáticos para evaluar la calidad de un paisaje, entre ellos podemos mencionar el realizado por M. Escribano y col. (1987). Según propone, la valoración estética de un paisaje incluye la valoración de tres elementos de percepción:

  • La calidad visual intrínseca del punto desde el que se realiza la observación. Los valores están constituidos por aspectos naturales (morfológicos, vegetación, presencia de agua, etc.)
  • La calidad visual del entorno inmediato. Evalúa las características naturales que se observan hasta una distancia de unos 700 m, señalando la posibilidad de observación de elementos visualmente atractivos
  • La calidad del fondo escénico. Evalúa la calidad del fondo visual del paisaje considerando aspectos como intervisibilidad, altitud, vegetación, agua y singularidades geológicas

La calidad que aporta la presencia de los elementos señalados puede verse mermada por la presencia de elementos negativos que indican degradación, tales como superficies quemadas, zonas fuertemente erosionadas, ríos o lagos sucios, o por la presencia de infraestructuras de impacto visual negativo, tales como urbanizaciones, graveras, minas a cielo abierto, tendidos eléctricos, arrastres de esquí, etc.

La mencionada sistematización para evaluar la calidad de un paisaje puede ser útil para establecer comparaciones, pero nunca para llegar a conclusiones cerradas o definitivas, pues la subjetividad y las vivencias personales determinan en buena medida las preferencias personales.

En la relación que un individuo establece con el paisaje, se ponen en marcha dos tipos de actividades mentales (Corraliza, 1993):

  1. Actitud descriptiva de las propiedades del paisaje. Pretenden comprender la escena y determinar sus propiedades y sus componentes. Entre las propiedades destacan la coherencia, que se refiere a la colocación lógica de todos los elementos de forma que puedan ser captados con facilidad, y la de la legibilidad, que se refiere a que la escena tenga cierta permeabilidad visual, de forma que el sujeto pueda acceder y desenvolverse en el paisaje. Entre los componentes del paisaje la presencia de agua y de árboles, entre otros, juegan un importante papel en el juicio de preferencia.
  2. Actitud predictiva o de exploración. Hace referencia al grado en que el paisaje satisface las necesidades del observador y éste puede desarrollar un determinado comportamiento en función de:
    • La complejidad de la escena (el grado de riqueza visual y elementos diferentes)
    • La propiedad del misterio, la presencia de elementos que inducen al observador a investigar, tales como recovecos distintos planos en una escena, curvas, etc. según Corraliza y Gilmartín (1991) el misterio es un potente causante de alta puntuación en las preferencias.

La actitud predictiva o de exploración también se relaciona con otras propiedades que indican en qué grado se adecua el paisaje a ciertas expectativas del sujeto, tales como paisajes naturales o saludables, posibilidades de refugio, etc. Para determinar cuales son las principales preferencias respecto al paisaje se han hecho numerosos estudios, bien sobre el terreno o sobre fotografías, aunque éstas siempre dan una visión parcial y sensitivamente limitada de los paisajes. Entre ellos podemos destacar los análisis de Cinton (en Bolós 1992), quien determinó que la calidad del paisaje se determinaba principalmente por morfología y usos del suelo, y que las montañas resultaban más atractivas que las mesetas, y éstas que las tierras bajas.

En España González Bernáldez (1981) determinó que las preferencias en las escenas naturales se determinaban principalmente por los siguientes parámetros:

  • Aspectos relacionados con el grado de naturalidad, principalmente la presencia de agua y vegetación
  • Aspectos relacionados con el tratamiento de la información, tales como comprensión de la escena, contraste y nitidez o accesibilidad
  • Aspectos relacionados con la presencia o ausencia de riesgos, amenazas o retos (relieve abrupto, rocas desnudas, aridez, etc.)
  • Color, que determina distintas valoraciones entre gamas frías y cálidas

No obstante, hemos de tener en cuenta que las preferencias están siempre determinadas por el fuerte grado de subjetividad del observador y que éstas, por muy extendidas que estén, no tienen por qué coincidir con la valoración intrínseca de un paisaje como recurso natural, y por lo tanto con la necesidad de su conservación. Así, por ejemplo, paisajes áridos de zonas esteparias o rocosos y con formas angulosas de alta montaña, puede tener un alto valor por su especificidad, presencia de endemismos, fragilidad, etc. y sin embargo quedar muy lejos de las preferencias mayoritarias.

5- LOS PAISAJES SEGÚN LA DOMINANCIA DE ELEMENTOS

Todo paisaje está dominado por tres tipos de elementos: abióticos, bióticos y antrópicos. La proporción entre ellos es muy diversa. Estos tres elementos se interrelacionan, de forma que la modificación de uno afecta al resto.

El paisaje evoluciona con el tiempo, por lo que su clasificación puede ser válida para un tiempo, pero no de forma permanente. Los paisajes quedarían clasificados en:

  • Paisajes con predominancia prácticamente exclusiva de un solo grupo de elementos
  • Paisajes con dominancia de un tipo de elementos sobre otros pertenecientes a otros grupo
  • Paisajes que resultan de la combinación de tres grupos de elementos jerarquizados o con similitud de dominancias.

Un cambio brusco en la clasificación de un paisaje puede ocasionarse como consecuencia de:

  • Un hecho natural: un incendio, un desprendimiento, una inundación grave, el avance y recolonización de la vegetación en una zona devastada, etc.
  • Una intervención humana: una urbanización, la construcción de infraestructuras, una concentración parcelaria, una roturación, una repoblación, etc.

No siempre una intervención del paisaje supone una contaminación. El término contaminación se reserva para intervenciones profundas y rápidas que provoquen un impacto visual grave y una evidente pérdida de calidad de los paisajes. En general la contaminación se caracteriza por primar la presencia de elementos antrópicos en detrimento de los bióticos o abióticos, aunque también puede significar la introducción de elementos bióticos extraños (repoblaciones con especies exóticas) o la elminación de elementos abióticos singulares.

6- VARIEDAD Y CALIDAD PAISAJÍSTICA DE ARAGÓN

Debido a la localización geográfica de Aragón, en su territorio incluye el sector central de Los Pirineos, una buena parte de área centro - meridional de la Cordillera Ibérica y el corazón de la Depresión del Ebro, lo que ya es suficiente para aportar una gran variedad altitudinal y topográfica. Como consecuencia de esta topografía, de su desarrollo N - S y de la localización entre dos mares de diferentes características, Aragón cuenta con climas de muy diferentes características a lo largo y ancho de su territorio. Esta variedad geográfica ha condicionado las diferentes actividades humanas y las formas de vida y de ocupación del territorio, por lo que podemos deducir que los paisajes, entendidos como elementos que integran componentes naturales y antrópicos, han de ser muy variados.

Un rápido repaso a los paisajes presentes en Aragón, con una escala muy grande, y sin posibilidades de descender a detalles, revela que en la Comunidad encontramos tres grandes unidades geogr áficas en las que se aprecian paisajes de características diferenciadas:

Los Pirineos

Aquí los paisajes se ordenan en función de la altitud, pues ésta determina las condiciones climáticas, factor decisivo en el desarrollo de muchos procesos geodinámicos, la instalación de la vegetación y las actividades humanas. Por ello, se observa un escalonamiento desde los valles, donde son frecuentes los paisajes con elementos bióticos (bosques y prados), más o menos intervenidos por el hombre, y una cierta presencia de elementos antrópicos, variable según zonas (pueblos, urbanizaciones, vías de comunicación, etc.). La presencia de elementos abióticos (ríos, cantiles, canchales, etc.), aunque visible, suele quedar en segundo plano respecto a los bióticos.

A medida que ascendemos en altura, tiende a descender la importancia de los elementos antrópicos que aparecen de forma puntual (pistas de esquí, pistas forestales, refugios). Los bióticos mantienen, en general, cierto protagonismo o presencia notable hasta los 2000 - 2200 m., altura a la que desaparece el bosque y por encima de la cual domina el matorral y principalmente el pastizal, elementos de menor entidad paisajística que aquel. Los elementos abióticos van ganando presencia en el paisaje, de forma que en la alta montaña pirenaica las crestas y cumbres rocosas, ibones, canchales y laderas con escasa vegetación, son dominantes, por lo que se trata de un paisaje con dominio de componentes abióticos.

En Los Pirineos aparecen algunos de los paisajes que podemos considerar emblemáticos de Aragón:

  • En el sector más meridional de la cordillera (Prepirineo) observamos, principalmente en ciertas comarcas, algunos rasgos específicos del paisaje: la fuerte despoblación que han sufrido amplias comarcas prepirenaicas explica que la presencia de componentes antrópicos sea limitada en muchas zonas. Los componentes bióticos (bosque y matorral) son, junto con los abióticos (relieve principalmente) los dominantes. En algunas zonas éstos toman un protagonismo especial (cañones prepirenaicos, especialmente el conjunto de Guara), creando paisajes particulares, de gran valor estético y con un alto grado de naturalidad. También hemos de señalar la presencia de alguna zona de mallos, importantes farallones rocosos de gran verticalidad y entidad paisajística, característicos de algunas de las zonas más meridionales del Prepirineo, especialmente en su contacto con la Depresión.
  • En el corazón de la cordillera, localizados en los macizos de mayor altitud, aparecen los únicos glaciares actualmente activos en España. Su presencia supone un elemento de enorme especificidad y valor en un paisaje de fuerte componente litogeológico. Son elementos muy localizados y frecuentemente se sitúan en lugares de difícil acceso y limitada visibilidad, por lo que su entidad paisajística es reducida, lo que en parte puede explicar el cierto desconocimiento que hay respecto a ellos, a pesar de su enorme singularidad.


Paisaje pirenaico © Javier del Valle

La Depresión del Ebro

En la Depresión los elementos antrópicos tienen una gran entidad paisajística, principalmente las superficies de cultivo (tanto desecano como de regadío) y en menor medida los núcleos de población y las vías de comunicación. El relieve pierde importancia respecto a la zona pirenaica, pues dominan las formas poco vigorosas, y los elementos bióticos también quedan notablemente relegados, pues gran parte del territorio está transformado por la acción humana. Quedan algunas zonas que conservan cierta cubierta vegetal, pero suelen ser pequeñas y marginales, y en muchos casos se trata de cubierta de porte pequeño o mediano, de escasa entidad paisajística.

Los paisajes en la Depresión se organizan en buena medida en torno a los ejes fluviales, en cuyas proximidades se instalan la mayoría de los núcleos de población y las superficies transformadas en regadío. Los interfluvios están en general dominados por paisajes con cultivos de secano, y algunas zonas en las que se ha mantenido la vegetación natural, principalmente en los sectores más elevados (muelas).

Aquí encontramos uno de los paisajes más emblemáticos y representativos de Aragón: la estepa. En él aparece una alternancia entre cultivos de secano cerealista y áreas en las que se desarrolla una vegetación de porte herbáceo con especies adaptadas a la fuerte aridez, pobreza de suelos y en ocasiones presencia de yesos y lagunas saladas estacionales de origen endorreico. Se trata de un paisaje muy alejado de los estándares actuales de belleza, pero de un gran valor por su singularidad, pues paisajes de este tipo son muy escasos en el continente europeo.

También hemos de señalar la presencia de paisajes fluviales en torno a los ríos que atraviesan la zona (Ebro y sus afluentes por ambas márgenes). Son paisajes directamente ligados a la presencia de una corriente de agua superficial que permite el desarrollo de la vegetación de ribera en sus inmediaciones, perfectamente diferenciada del entorno. Presentan un gran dinamismo y en ellos predominan los elementos bióticos y abióticos, aunque sufren una presión antrópica cada vez mayor, tanto directa como indirecta.


Valle del Ebro  © Javier del Valle

Sistema Ibérico

Aquí las montañas son de mucha menor entidad topográfica que Los Pirineos, por lo que su influencia en la organización del paisaje no es tan determinante como en aquellos. La zona, en conjunto, se encuentra bastante compartimentada en macizos montañosos de mediana altura, y depresiones y valles fluviales en algunos casos situados a notable altitud. La energía de relieve no es en general muy grande, por lo que no podemos hablar de paisajes de montaña ordenados según un eje vertical, como en Los Pirineos. En el Sistema Ibérico se observa más bien un mosaico paisajístico adaptado a la compartimentación topográfica según el cual las depresiones y valles fluviales son las zonas más transformadas antrópicamente, y donde se sitúan los principales núcleos de población y vías de comunicación. Los macizos montañosos, aunque se hallan más transformados que la alta montaña pirenaica, conservan un cierto grado de naturalidad. La vegetación está bastante degradada en algunas zonas, como consecuencia principalmente de talas y sobrepastoreo, pero en otras se conserva en un estado relativamente bueno, presentando aquí una relevancia paisajística importante.

También aquí encontramos algunos de los paisajes más característicos de Aragón:

  • Por una parte el Macizo del Moncayo, en el que un relieve de fuerte energía se destaca nítidamente sobre el entorno, especialmente sobre el sector próximo de la Depresión del Ebro. Sobre él se asienta una rica y variada vegetación, de porte arbóreo en sus cotas bajas y medias y de porte arbustivo en las altas. El conjunto es una zona con un grado de naturalidad elevado en la que dominan los componentes bióticos y abióticos, quedando los antrópicos bastante relegados.
  • La Laguna de Gallocanta, situada en el centro de la Depresión endorreida del mismo nombre. La presencia de una amplia, aunque fluctuante, lámina de agua salada a casi 1000 m de altura en un paisaje de una gran homogeneidad supone un elemento paisajístico muy singular en un entorno muy transformado por el hombre. Los elementos antrópicos y abióticos son los dominantes, y aunque la zona, al igual que otras de Aragon, no se aproxima al "estándar" clásico de paisaje hermoso, tiene unas importantes particularidades, que unidas al alto valor ecológico de la zona lo convierten en un paisaje muy atractivo.

Sistema Ibérico zaragozano © Javier del Valle

Laguna de Gallocanta © Javier del Valle

7- CONCLUSIONES

El paisaje ha de ser considerado como un recurso natural que ha sufrido una fuerte transformación como consecuencia de los cambios en los usos del suelo. Es un recurso natural escaso, fácilmente depreciable y difícilmente renovable. Su deterioro supone una pérdida de calidad del medio perceptual, y por lo tanto incide negativamente en el grado de bienestar humano y la calidad de vida, al romper la relación del individuo con su entorno.

Por ello, el paisaje ha de ser considerado un bien digno de ser protegido. Llevar a efecto esta protección tiene una serie de dificultades, algunas derivadas del propio carácter dinámico del paisaje. La protección del paisaje no es una congelación de sus formas, sino que supone el entendimiento de las relaciones geográficas de causa - efecto, la comprensión de los procesos de cambio, de las demandas de usos, de las posibilidades de mantenimiento espontáneo de las formas, etc. (Martínez de Pisón, 1997). Es necesario, por lo tanto, establecer fórmulas posibles y viables para su funcionalidad, pues si los paisajes no están vivos, difícilmente pueden mantenerse.

Paisajes vivos y con unas poblaciones asentadas en íntima y estrecha relación con ellos que no tienen que renunciar a un legítimo desarrollo y bienestar, y para conseguirlo no han de ver en la conservación de su entorno un obstáculo, sino un aliado. Esta conservación debe fundamentarse tanto en los valores naturales de algunos territorios, como en los estéticos, dos criterios que pueden coincidir pero no tienen por qué hacerlo.

El reto futuro de desarrollo de ciertas poblaciones, especialmente aquellas establecidas en entornos paisajísticos singulares, puede ser conseguir su desarrollo a partir de la conservación de sus paisajes.

8-BIBLIOGRAFÍA

Bertrand, G. (1968). Paysage et Géographie physique globales. Esquisse methodologique. Revue Géographique des Pyrénées et du Sud - Ouest. T. XXXIX. Toulousse.

Bolós, M. (1992), directora. Manual de ciencia del Paisaje. Teoría, métodos y aplicaciones. Ed. Masson. Barcelona.

Corraliza, J.A. (1993). Reacciones psicológicas a la estimulación escénica. Ecosistemas, 6.

Corraliza, J.A., Gilmartín, M.A. (1991). Predictores del juicio de preferencia de paisajes naturales. Un análisis cognitivo. Castro R. (ed.). Psicología ambiental: intervención y evaluación del entorno. Arquetipo. Sevilla.

Díaz Pineda, F. y col. (1973). Terrestrial Ecosystems adyacent to Larg Reservoirs. Internat. Comm on Large Dams, XI Congress.

Escribano y col. (1987). El Paisaje. Ministerio de Obras públicas y urbanismo. Madrid.

Gómez Orea, D. (1985). El espacio rural en la ordenación del territorio. Instituto de Estudios Agrarios, Pesqueros y alimentarios. Madrid.

González Bernáldez, F. (1981). Ecología y Paisaje. Blume. Madrid.

Martínez de Pisón, E. (1997). Imagen de la Naturaleza de las montañas. Resumen de la conferencia inicial del seminario de medio ambiente de la Fundación Duques de Soria.

Saldaña, J.A., Puerto, A., García, J.A., Corraliza, J.A. (1993). Reacciones psicológicas a la estimulación escénica. Ecosistemas.

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