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Ramón y Cajal con su mujer, Silveria

     El joven Santiago descubre la histología y la micrografía de la mano de Aureliano Maestre de San Juan, cuando se examina con éxito del grado de doctor en Madrid en 1877. Fue un hecho determinante; tiene veinticinco años y con los ahorros de Cuba compra un microscopio y un micrótomo y monta un laboratorio en su propia casa, decidido ya a orientar su carrera a la investigación, aunque de momento deba posponer el trabajo debido a que su mala salud, consecuencia de su estancia en Cuba, le obliga a reposar una temporada en el Balneario de Panticosa y en San Juan de la Peña, durante la cual se dedicara especialmente a la fotografía y el dibujo. De nuevo en Zaragoza, obtiene la plaza de director de los Museos de Anatomía de Zaragoza y, ya con ese respaldo económico, puede casarse en 1879, a pesar de la oposición paterna, con Silveria Fañanás, que le acompañara fielmente y en silencio siempre y con la que tendrá siete hijos: Fe, Santiago, Enriqueta, Paula, Jorge, Pilar y Luis. Enriqueta morirá a la edad de siete años, en Barcelona, cuando Cajal anda inmerso y obsesionado con el estudio del sistema nervioso central. Su segundo hijo, Santiago, murió en 1912, con veintinueve años. Fueron dos durísimos golpes que sólo su dedicación absoluta al trabajo le ayudó a superar.

fotografía realizada por Cajal

     En Zaragoza, el matrimonio se instala en la calle del Hospital, actualmente llamada Ramón y Cajal. Allí el sabio da lecciones de anatomía e histología y también prepara con denuedo oposiciones a cátedras de Universidad. Ya lo había intentado antes de casarse para Zaragoza y Granada, sin conseguirlo. Esta vez gana una cátedra en Valencia, a la que se incorpora en diciembre de 1883

      Los biógrafos de Cajal coinciden en señalar como un tanto extraño su período valenciano. El investigador pierde terreno ante el hombre de mundo curioso que se deja fascinar por el ajedrez, el hipnotismo, las tertulias, los viajes y la literatura. En esta época abundan los escritos del "Dr. Bacteria", seudónimo con el que firmaba sus artículos de índole "filosófico-científica y las críticas joco-serias", y que ya había comenzado a escribir en Zaragoza. Son célebres también entonces las sesiones de hipnosis que practica en un gabinete montado al efecto y que llegó a tener una importante clientela. A este respecto, años más tarde ya instalado en Barcelona, Cajal describió en un artículo el parto de su sexto hijo, que se produjo sin dolor para la madre sometida a hipnosis.

      De todas formas, estas dedicaciones no impideron a Cajal trabajar con denuedo en la investigación de la vacuna contra el cólera, que se declaró en tierras valencias y llegó a Aragón. La Diputación de Zaragoza encargó a Ramón y Cajal un estudio sobre la vacuna anticólerica que el científico de Tortosa, Ferrán, difundía como prevención al terrible mal. Cajal, después de mucho estudio, no tuvo clara la efectividad de un preparado que no era sino un caldo de cultivo de bacilos vivos, a pesar de reconocer su mérito científico. Encerrado en la torre familiar de las Canales, en San Juan de Mozarrifar, en los aledaños de Zaragoza, Cajal hizo diferentes pruebas, hasta concluir que era menos peligroso y más efectivo la inoculación con bacilos muertos. Ramón y Cajal llegó de esta manera el primero al descubrimiento de la vacuna química. La polémica no buscada con Ferrán fue sonada en los círculos científicos del país y duró años.

     1887 y 1888 fueron cruciales en la carrera de Cajal como investigador. En noviembre de 1887 obtiene la cátedra de Histología y Anatomía Patológica de la Universidad de Barcelona. Un poco antes, durante un viaje a Madrid, el profesor Simarro le da a conocer el método Golgi para la tinción de las células nerviosas, gracias a lo cual se decide a abordar definitivamente el estudio del sistema nervioso, lo que hará ya durante toda su vida sin descanso, y cada vez avanzando técnica y teóricamente en sus métodos y deducciones. En 1888 la familia se traslada a Barcelona, donde permanecerán cuatro años, hasta que en 1892 Santiago Ramón y Cajal gana una cátedra en la Universidad de Madrid, ocupando la vacante que dejaba el fallecimiento de Maestre de San Juan, a quien debía su dedicación a la Histología. En esta época su ritmo de trabajo es tan intenso que ya el mismo año de 1888 consigue las preparaciones micrográficas revolucionarias que demuestran la independencia de las células nerviosas y la relación de contigüidad - y no de continuidad - que se establece entre ellas. Entre ese año y el siguiente, 1889, Cajal publica veintiuna monografías y un manual - "Histología normal y técnica micrográfica"- con el que siente las bases de la histología del sistema nervioso aun hasta nuestros días.

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