Juan García Ponce Titulo Juan García Ponce

     Con frecuencia se ha subrayado la importancia que el uso de la cita tiene en el marco de todo discurso. Se trata, como sabemos, de un componente textual que opera como detonante de una red de relaciones compleja cuya función central es proponer la lectura de un texto a través de otro, su predecesor. De tal forma, en los títulos o paratextos ya asoma configurada la isotopía del relato o, lo que es igual, en el título es posible reconocer con anterioridad el conjunto de implicaciones semánticas que se encontrarán articuladas en el cuerpo del discurso. El lugar medular que Juan García Ponce otorga a Retrato del artista adolescente de Joyce en la escritura de "Retrato de un amor adolescente" (1) se muestra en la preeminencia que, desde el título, la novela del irlandés adquiere en el cuento. El conjunto de estrategias discursivas por las cuales el relato de García Ponce admite una doble lectura, por ejemplo del personaje de Diego como alusión de Stephen Dedalus, tiene un lugar fundamental que procuraré a continuación establecer.


     1. Los retratos de dos adolescentes

     La primera novela del escritor irlandés James Joyce (1882-1941), Retrato del artista adolescente, (2) recrea la juventud y vida familiar de Stephen Dedalus, su protagonista. En esta obra su autor anticipa la técnica que llevó a su plenitud con Ulises, el monólogo interior, recurso literario que conforma las reflexiones, sentimientos y emociones de un personaje. La vida de Stephen Dédalus transcurre a través de una difícil adolescencia dentro de un ir y venir gracias a las altas y bajas económicas de su familia. Algunas veces lo podemos encontrar observando todo lo que ocurre a su alrededor o recorrer las calles mientras elucubra fantasías; otras, realizar largas caminatas al lado de su padre del cual cuenta a su amigo Cranly, no sin un poco de ironía, que tenía por profesión:


     Estudiante de medicina, remero, tenor, actor aficionado, político de estruendo, pequeño terrateniente, pequeño rentista, bebedor, buena persona, especialista en chistes y anécdotas, secretario de no sé quién, no sé qué cosa en una destilería, colector de impuestos, quebrado, y al presente ensalzador de todo su propio pasado.


     Igualmente lo vemos visitar toda clase de lugares, charlar seriamente con sus amigos sobre arte, religión y política, pero siempre llevando en su espíritu las bases morales inculcadas por los estrictos jesuitas de quienes adquiere una sólida y vasta cultura. Poco a poco lo vemos perfilarse como un gran poeta, un artista que dice contemplar a la literatura como "la más elevada y espiritual de las artes". Sin embargo, llega el momento en que lo asalta un serio conflicto provocado por sus profundas dudas religiosas y el cuestionamiento político hacia Irlanda, donde vive. Decide abandonar Dublín, vivir su propia vida lejos de su hogar y sus amigos.

     Diego, el protagonista de "Retrato de un amor adolescente" también es un estudiante que, justo un poco antes de llegar a "la esquina donde paraba el camión de línea para ir a la escuela", pasaba frente a la casa de una muchacha que yacía siempre frente a una ventana: "en el segundo piso, detrás de la barda con lanzas y el pequeño jardín con toda clase de flores y ningún árbol, aparecía en la ventana la figura de ella". Para Diego, preso de "múltiples ensueños solitarios", ella no tenía edad, simplemente "era la muchacha tras la ventana":


     Tenía la frente recta, sus ojos no eran claros ni oscuros: eran unos ojos buscando la mirada de él. Bajo ellos una nariz perfilada; una boca con los labios más bien delgados; la cara ovalada; el pelo más que rubio podía considerarse castaño; su figura debería ser esbelta, al menos él había decidido otorgársela así en sus repetidas fantasías privadas.


     Diego vivía imaginando no sólo tener la oportunidad de hablarle, también pensaba en cómo sería el espacio de su encuentro. Dentro de sus fantasías llegaba a su memoria el eco de las palabras de sus maestros: "la realidad mancha hasta la imaginación cuando la imaginación se dirige a objetos indebidos", pero por "la muchacha tras la ventana él estaba dispuesto a arrostrar todos los peligros". Al final, el encuentro tan deseado se produce "cuando menos lo esperaba. Lejos de su casa; lejos de la escuela; lejos de cualquiera de sus caminos habituales. […] ¿Así de simple? Así de simple es la vida, por eso es tan compleja. Todas las posibilidades se encierran en su acontecer".

     Como Dedalus, Diego es un artista, un "huésped de su propia vida […] que deja al arte, la forma, como única posible respuesta al problema de la realidad" (3), crea un mundo dentro del mundo porque el arte supone la duplicidad, como dijera Blanchot y, además, implica esa realidad esplendente que para Diego:


     Era como un muro manchado de rojo por el sol y era como una pura oscuridad luminosa y era como la luna que a veces veía tras la ventana y era mucho más distante que las estrellas siempre a la vista por la noche y era, sobre todo, su secreto, un secreto que se guarda celosamente (el énfasis es mío).


     "Oscuridad luminosa", paradoja donde habita el arte y lo sagrado o lo sagrado como una parte del arte, "cuyas profundidades resulta difícil traer a la luz, a pesar de que o precisamente porque son todo luz y su reflejo nos deslumbra hasta la ceguera" (4). Justo lo más cercano a ese manantial de lo desconocido es sobre el que reposa el resplandor del origen de la palabra, de la obra de arte, García Ponce lo manifiesta así:

     Significativamente, una gran parte por lo menos de las fuerzas que determinan el nacimiento de la obra de arte y por tanto de las obras mismas en lo que tienen de más cercano a sus orígenes, al fundamento último sobre el que descansa su radiante transparencia, la parte de su oscuridad que se convierte en luz y se hace comunicable, que se transforma en una palabra en lenguaje artístico, no se encuentra lejos de esas profundidades (5)



     (*) Doctora en Literatura. http://apostillasnotas.blogspot.com/. Mantiene el sitio del escritor Juan García Ponce

     (1) Juan García Ponce, Cinco mujeres (México: CONACULTA/Del Equilibrista, 1995).

     (2) (Madrid: Alianza Editorial, 1980), todas las citas que haré a esta novela pertenecen a esta edición. El libro se publica por primera vez en 1916, García Ponce aclara que esta novela es la primera versión de Esteban el héroe la cual Joyce intentó destruir "salvándola del fuego la heroica intervención de su hermano Stanislaus", en "James Joyce", Entre las líneas, entre las vidas (México: Océano, 2001), p. 68.

     (3) Juan García Ponce, "El artista como héroe", Cruce de caminos (México: Universidad Veracruzana, 1997), p. 116.

     (4) Juan García Ponce, "El arte y lo sagrado", (La aparición de lo invisible: México: Siglo XXI, 1968), p. 77

     (5) Ibid.



Schiele


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Versión 13.0- Enero 2007