Dante Purgatorio Rey Manfredo


Dante y el rey Manfredo

rAFAEL LOBARTE



     Hace algunos años hastiado por una parte de lo que podría denominarse como excesos de la mente y del corazón de la literatura contemporánea, así como de perder la mayor parte del poco tiempo en que podía permitirme el lujo de leer en obras generalmente de escaso o ningún valor, y por otra, interesado en profundizar en la comprensión del hecho literario, decidí -aunque no por supuesto de un modo exclusivo-, dedicarme a la lectura y al estudio de unos cuantos autores que suelen entrar en el grupo de los denominados clásicos -a veces, y siempre por ignorancia, peyorativamente-, y cuyas obras han venido resultando perfectamente adecuadas para mis intenciones.

     Y uno de ellos ha sido Dante. Una de mis lecturas más recurrentes, aunque no tan sistemática como en otros casos, ha venido siendo la de diversos pasajes de la Divina Comedia. De ésta, como no podía ser de otro modo dado el gusto por el expresionismo del siglo XX, el libro que hasta ahora más había frecuentado era el Infierno. Haciendo un poco de memoria, creo que llegué al poeta italiano de un modo un tanto extraño quizás, pues fue a través de la literatura inglesa. Shelley y T.S. Eliot, dos de mis poetas favoritos en la primera y única juventud, adoraban a Dante, y Eliot que vivió el periodo de entreguerras, es decir, su infierno particular, admiraba en particular esa parte de la Comedia.

     Pero luego de adquirir una edición bilingüe publicada por la editorial Homo Lenges y, más recientemente, una italiana a cargo de "Newton Compton Editori", que cuenta con unos comentarios estupendos a cargo de Giovanni Fallani y Silvio Zennaro (comentarios absolutamente necesarios si se quiere profundizar mínimamente en este tipo de obras), he comenzado a leer, esperando con el tiempo hacerme digno de alcanzar al fin el Paraíso…, los primeros capítulos del Purgatorio. Y a este libro, con más precisión, al capítulo III pertenece el pasaje dedicado al rey Manfredo que me gustaría ofrecer como lectura en su lengua original acompañada de unas cuantas líneas explicativas y de una traducción literal que la facilite.

     Y el episodio se presenta en su lengua original porque es la mejor manera de apreciar un texto literario; esta máxima que es aplicable con carácter general a todos los géneros, en lo que respecta a la poesía, debido a sus especiales características en las que prima la cualidad, la calidad de la palabra poética, la musicalidad y el ritmo que derivan de su disposición, resulta imprescindible. Asimismo el lector, ante la dificultad que ha de presentarle una lengua que no es la suya, se verá obligado a realizar más de una lectura y éstas de un modo pausado, que es la forma más adecuada de leer poesía.

     No obstante, en este caso la tarea es bastante más fácil que en otros, porque la lengua de Dante, el italiano, no deja de ser extraordinariamente afín a la nuestra, y también porque el ritmo y la estructura estrófica empleada, el endecasílabo y los tercetos encadenados ("terza rima" en italiano, una innovación técnica del propio Dante), son algo familiar para alguien habituado a la métrica española (recuérdese a modo de ejemplo que en el ámbito de la poesía contemporánea Miguel Hernández en la Elegía dedicada a Ramón Sijé utiliza este tipo de estrofa). Pero hay que señalar a este respecto que el acento en cuarta y séptima es mucho más frecuente en el endecasílabo italiano que en el español.

     Finalmente añadir para los lectores aragoneses, que este episodio presenta curiosas conexiones con nuestra historia.


     TEXTO Y COMENTARIO


     La idea motriz del capítulo III del Purgatorio de Dante es, que nadie se asuste, una cuestión teológica: la posibilidad de que un excomulgado, es decir, de alguien apartado de la Iglesia por la propia jerarquía eclesiástica (no olvidemos que estamos en plena Edad Media), se libre de la condenación eterna si se arrepiente en el momento de su muerte. La respuesta de Dante es afirmativa, pues todo lo puede la misericordia de Dios.

     Pero desde un punto de vista literario lo más significativo es, sin duda, la descripción o más bien creación, de un personaje y de una trayectoria vital, con unos trazos absolutamente extraordinarios en unos pocos versos.




Dante, Manfredo
Seguir leyendo: Dante y el rey ManfredoSiguiente Página
Siguiente Página

© texto 2008 Rafael Lobarte

©2008 El Cronista de la red

Versión 17.0- Julio 2008