No pedir caviar

Instrucciones para (no) probar el caviar

oMAR ROJAS



     Vaya a un restaurante caro, el más caro y elegante que encuentre en la ciudad. Si usted vive en una pequeña ciudad o en un pueblo, habrá de trasladarse a la ciudad cosmopolita más cercana. Para el traslado de su casa, o lugar donde resida, al restaurante, podrán ser usados diferentes métodos, teniendo todos la finalidad de llevarlo al recinto en cuestión; deberá tomar en cuenta que debe llegar limpio y bien presentado, por lo que no se aconseja viajar a lomo de animal o caminando entre polvaredas. Una vez allí y después de recibir el saludo cordial, no tanto por gusto sino por oficio, de su anfitriona, pida una mesa cerca de una ventana si es posible. Procure ir acompañado de su pareja, si es que la tiene, o de alguna persona que no tenga relación laboral con usted, (nunca es bueno comer en restaurantes caros con los compañeros de trabajo, puede causar envidias y sospechas). Ya en su mesa, pida ver la lista de vinos y examínela detenidamente, mientras su pareja, suponiendo que la tiene y la ha llevado con usted, fuma un Benson & Hedges. Procure tomar su tiempo, aun cuando ambos saben que al final de cuentas terminarán pidiendo una Indio o una Corona, usted haga como que ahora sí le gustaría pedir una botella de buen vino, una de esas con la etiqueta diseñada por Warhol. Traten el punto sobre si no sería mucho una botella entera para los dos, tal vez si, tal vez no; pida la cerveza, se lo agradecerán su asegurador, su banquero, la secretaria de la escuela de sus hijos, el de la hipoteca, la cajera de Walmart, el carnicero, el plomero, el del cable,...Ya que tenga las cervezas en la mesa, sugiérale a su pareja, la misma de la que hemos hablado hasta el momento, pedir un aperitivo antes del plato fuerte. Claro que ahora que ya no tienen vino y sí cervezas, las opciones se reducen o por lo menos cambian significativamente. Ante la sugerencia de su mesero de ordenar canapés con caviar, reflexione un poco y pídale unos minutos más al mesero, de esta forma parecerá hombre de mundo y conocedor de los altos placeres gastronómicos. Si su pareja es vegetariana, allí encontrará el primer obstáculo para semejante delicia. Aún cuando el caviar no tiene forma de carne, su pareja, la vegetariana, y no sólo ella sino tal vez alguna otra, se imaginará a estos cientos de huevecillos de un pez grande y feo que vive en regiones frías, mares fríos, ese sí será un reto para el intelecto, cada vez que ella estará acostumbrada a asociar mar con calor y playa, pareciéndole ilógico que pueda haber mares frío y aun menos probable, playas cubiertas de nieve, de donde vienen aquellos fetos de pez. Se imaginarán larvas creciendo dentro de su estómago, mismo que se puede comparar con un mar, sólo que de agua visceral, ni dulce ni salada, y se desarrollarán poco a poco los peces hasta convertirse en lo que realmente quieren ser, no simples huevecillos gourmet, sino entes vivos, que nadan y copulan entre sí. Estos peces ya desarrollados, se multiplicarán dentro de su estómago, el de cada uno, e irán formando cardúmenes enteros, tan bastos como los de aquella comida a orillas del lago, con Jesús y sus panes multiplicadores. Su estómago será recinto insuficiente para aquella especie nacida de unos diminutos puntos morados sobre un canapé, y no quedará más remedio que ir a esos mares del norte, lugar de donde viene la especie y a donde quiere regresar. Una vez en ese mar, frío y tal vez con nieve, los peces no resistirán la tentación de salir a pasear, escapar de su mar visceral, el de usted, y pasear por el otro, frío y salado, el de todos. En esos momentos usted preferirá estar en una playa cálida con piñas coladas al lado, así que, decidirán no ver más el menú, empinar sus cervezas y buscar un puesto de tacos, gorditas o garnachas, como aquel de la comadre de su tía en su pueblo natal. Acaso en alguna otra ocasión decidan probar el caviar.



© texto 2008 Omar Rojas

©2008 El Cronista de la red

Versión 17.0 - Julio 2008