Un dia de Cronista

Un día de Cronista

eMILIO GIL

     El Cronista de la Red miró hacia atrás con sus ojos azules, recordó un momentito. El tiempo.

     Con todas las historias. Con todas sus historias.

     El universo había dejado ecos de su historia.

     En un nacimiento se había interesado por los otros Poderes.


     El Cronista se vio dialogando con la Muerte, en su eternidad.

     - ¿Qué hay más allá?

     - Algún día lo descubrirás.

     - No seas impertinente, ¿quién lo contaría? ¿quién te tejió?

     - Sí, pero ahora estás atrapado en tu futuro. En tu recuerdo. En tu tiempo.

     Al Cronista le cansaban los diálogos con Muerte, aunque le cansaban mucho más sus partidas de ajedrez sin sentido.

     El sentido de sus palabras, de su amor, de la belleza de lo efímero y de lo terrible. La red de todas sus historias. De aquella mañana que conoció su mirada.



     El Orden y el Caos gritaban en sus absurdos antónimos, sólo su crónica alcanzaba a entenderlos, y su Red era limitada, ese había sido el pacto cuando los Poderes se formaban. Una eternidad de historias efímeras, un latido de corazón que contendría las galaxias, una mirada que comprendería los viajes.



Un dia de Cronista

     Una vez habló con un viejo Fremen al que le preguntó por Paul Atreides:

     - ¿Dónde está Moad'Dib? Me gustaría hablar con él.

     El Fremen le contestó que su cruce no estaba permitido, ya que había mirado al otro lado.

     - Como Alicia. Se quedó pensando el joven cronista en su locura.

     Una tarde el Cronista le preguntó a su amada qué pasaría si rompiera el pacto y dejara de escribir.

     - No pasaría nada, y tú lo sabes bien, hoy es por la tarde y deberíamos tomar café.

     El cronista se encolerizó con ella a pesar de saber que tenía razón, la castigo sin palabras un minuto y un segundo. Sin historia. En su egoismo.

     Antes de la noche el Cronista se emborrachó y entre dos mundos viajó creando nuevos pecados sin control, universos mortales de podredumbre sin nombre, de risa vacia para su Muerte, pagó a una puta del Orden para que se infiltrara en el Caos, una Red de religión de la consciencia de lo efímero.

     Cumplida la noche, el Cronista quería su historia de reconciliación, de fornicación de las palabras para el gran licor de su amor, para las historias de las promesas, para regalar la luna a su bella, de nuevo el universo en la mirada, las guitarras para las nuevas palabras.

     El Cronista sabía que mentía, que no tenía nada, que no inventaría nunca nada, que lo había dejado escrito en ese terrible pacto que el mismo se negaba.

     Sí, había conseguido una Red infinita con su pacto ante terribles señores de otro tiempo, dimensión y galaxia.

     El Cronista sobre la materia dejó su pluma y su cuaderno cerró los ojos un instante para luego continuar escribiendo.

Un dia del Cronista

© texto 2009 Emilio Gil

© ilustraciones 2009 Josep Pedregaly

© 2009 El Cronista de la red

Versión 18.0 - Enero 2009