Lija del 8

Ya sabes, la más basta, la que se emplea para quitar las impurezas de la madera, sea o no sea noble.

Yo la he usado en lugar de las manos, con excelentes resultados para el cuerpo, sin jabones ni leches para la ducha y el baño. Un poco sangrante si resulta, pero te libra de las porquerías que solemos almacenar pegadas a la piel y que tan mal huelen. La gente piensa que quien huele mal es porque no se lava lo suficiente; a mí me parece que, en realidad, es por todo aquello que se nos deja. Te recomiendo, si es que quieres probar, que te acostumbres a hacerlo en solitario: sentado, tumbado o de pie; como quieras, pero imprescindiblemente en solitario. Por supuesto, el agua ni mentarla. La lija necesita un poco de presión sobre la piel y algo de maestría en según que zonas, pero seguro que con la práctica, en pocas sesiones, conseguirás una piel increíble.

No lo cuentes a nadie, mucho menos a los que se rozan contigo, y cualquier aclaración sobre los arañazos, como el que escucha la lluvia.

La mecánica es muy sencilla. En aquellas zonas de tu piel en las que notes o veas materia que no es tuya aplicas sistemáticamente lija del ocho, justo hasta que los poros, como los de la madera, no se noten, y rozando la piel siempre en el mismo sentido. Procura que el polvo que se desprenda caiga en algún recipiente, para que puedas después observar de dónde procede esa materia. Es muy importante que guardes todo y, desde luego, nada de agua, por razones evidentes.

Seguramente, tendrás más materia en aquellas zonas de tu piel que no están casi nunca al aire, por lo que, para salir de dudas, te recomiendo que tengas a mano algún espejo y mires en los recodos en los que, de normal, sólo se alcanza con los dedos. El espejo ahorra tiempo y trabajo, puesto que otros instrumentales, como palillos, latex, lijas de uña, aceites, esenciales o no... no dan buenos resultados; al menos en mi caso.

Prepárate para descubrir, con evidencias palpables, lo que siempre has sospechado.

Las capas más superficiales suelen desprender lo más ligero, pero curiosamente es la capa que más componentes tiene. Está formada por todo aquello que te reprochan, de lo que te acusan y condenan sin mas; por esas pequeñas deudas que te adjudican quienes dicen ayudarte, en fin ligerezas cotidianas. Los restos tienen un color apetecible, pero no te los comas.

Lo intermedio desprende algo de mas entidad: son restos mas finos, de peor color, y la mezcla está compuesta de la porquería que resulta del saldo de tu cuenta corriente sentimental. El debe y el haber de tus amores. Como siempre, te cargan recibos por conceptos que no adeudas y que son de lo más peregrino. Te garantizo que aparecerá hasta el último beso. Ni te cuento lo que cobran por cuestiones más serias. Tampoco es recomendable la ingestión del residuo.

Capítulo aparte merece la capa final, naturalmente la más difícil. Ojo con las penas y las lástimas, que engañan siempre. De colores hermosos, casi naturales, aparecen los despojos desde que naciste, y seguramente pertenecen a quienes estaban o están junto a ti. No tan genéricos como los anteriores, configurados como tu huella dactilar e impensables para el resto, sólo tú puedes saber qué son .Los puedes comer; te aportarán nutrientes, si tienes estómago para digerirlos. Dejan el cuerpo algo machacado, pero limpian el interior, en una especie de guerra envidiosa con los restos instalados en el corazón y las tripas, devorando a sus iguales que han tenido la suerte de permanecer agazapados en los rincones mas inalcanzables.

La lija te dejará la piel arañada y sanguinolenta, evidentemente. Es un síntoma normal, porque careces de las capas arrastradas. Insisto en lo del agua.

Como lo sanguinolento siempre produce un cierto rechazo al personal, de un plumazo te quitarás de encima a todos aquellos que se equivocan contigo. Es más, entre estos estarán seguramente quienes quieren hacerte el bien y el mal simultáneamente. Después te desprenderás de quienes quieren joderte por sistema, dado que a este grupo, lo sangriento jamas le ha sentado bien. Y conforme tu piel alcance un grado suficiente de lijado, se alejará de ti ese otro grupo, menos numeroso, en ocasiones casi de un solo componente y que tanto dicen que te quieren pero que en realidad, te majan.

Después llegará la mano de imprimación y, el laqueado, en el color de piel que siempre has querido, te dará un acabado final tras el que quedarás como una patena. Desde este momento, el que quiera mirar que mire, pero tendrá que arriesgarse a verse a sí mismo en el azogue de tu piel.

No obstante estoy probando algo más eficaz, rápido y menos engorroso, pero no he obtenido aún resultados interesantes.

Recuerda: Lija del ocho, un espejo y un cuenco. Barato, fácil de aplicar y además puedes personalizarlo.

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