"Tras las huellas de Lucien Briet.
Bellezas del Alto Aragón".
José Luis Acín Fanlo
Editorial PRAMES
2000. Zaragoza.

Lo que sigue a continuación sólo podrán entenderlo en su totalidad aquellos y aquellas que sientan "el poder de atracción que tienen las montañas, cualquier cadena montañosa, sea la que sea y se encuentre en la parte del mundo que se encuentra".


El autor de "Tras las huellas de Lucien Briet. Bellezas del Alto Aragón", José Luis Acín Fanlo, nacido hace treinta y siete años en Piedrafita de Jaca, escritor y antropólogo, padre de una niña, pertenece de hecho y por derecho, a esa gran familia de personas amantes de las montañas, a esa "larga nómina de personas, de nombres que han gustado de sus encantos y maravillas, que han rozado el paroxismo al encontrarse en sus dominios, a las que tienen que volver con cierta asiduidad para encontrarse bien física, espiritual y anímicamente".

Estas palabras forman parte de su introducción -casi un ensayo sobre el descubrimiento y la exploración de los Pirineos- al libro que acaba de publicar la editorial PRAMES, con la colaboración de la Diputación de Huesca y el Museo de Lourdes, libro que forma ya parte indefectible de la bibliografía fundamental sobre el Pirineo español.

José Luis Acín, hermano de otro escritor aragonés, Ramón, ya había publicado antes otros libros, entre los que destaca "Paisajes con memoria. Viaje a los pueblos deshabitados del Alto Aragón", además de una recopilación de cuentos aragoneses, y muchos otros caracterizados por el amor a la tierra pirenaica, sus gentes, sus costumbres y su cultura popular.

En todos ellos -recordemos la amistad que le une al también escritor Julio Llamazares- se escucha el leve latir de un mundo que se va perdiendo. En un libro anterior, "Las otras lluvias. Pueblos deshabitados del Alto Aragón", de la colección Boira, Ibercaja, Acín Fanlo destapa su corazón al describir su llegada al pueblo abandonado de Ainielle, inmortalizado en "La lluvia amarilla" de Llamazares:

"...llegando a sus entrañas, desolación, tristeza y rabia ante lo contemplado, ante el pensamiento de que allí, en un día no muy lejano, hubo vida, con todo lo que esa palabra lleva y conlleva, tan destruida, pisoteada y olvidada, por unas -no se sabe bien- ideas de progreso, de prosperidad falsamente entendida...".

En este último libro que acaba de publicar, sin embargo, sus palabras se han convertido en imágenes, y su voz no es la propia, sino que ha tomado prestada la de Lucien Briet, quien, sin duda, estaría orgulloso de cedérsela al que podría ser su digno sucesor. Pues no otra cosa ha hecho durante cuatro años: recorrer las mismas sendas que el espeleólogo y montañero francés recorrió hace un centenar de años, pisar sus mismas huellas, con el esforzado fin de disparar su cámara fotográfica desde el mismo lugar que lo hiciera, años ha, Briet.

Así, nunca antes una imagen se valoró más que mil palabras, en este caso, parejas de imágenes, miradas paralelas separadas por un siglo, lanzadas hacia el mismo horizonte: el de un mundo que puede llegar a perderse tragado por la maleza enmarañada que escapó de la mano domadora del antiguo poblador, hoy emigrado bajo amenazas en forma de pantanos.

Pero también esas ventanas abiertas al Pirineo nos muestran luces de esperanza, aquí y allá un esfuerzo común por rescatar, por restaurar, por revivir... cuatro piedras puestas otra vez en su sitio, un viejo camino vuelto a ser pisado, una recoleta ermita resucitada para la contemplación en silencio de los que lleguen hasta allí. Y en medio de todo, un orgulloso río Pirenaico, el único que se atreve a recorrer la cadena montañosa en paralelo, compitiendo desde el valle con las alturas, el río Ara, el único río virgen del Pirineo aragonés...

El libro de Acín Fanlo nos hace soñar con unas futuristas imágenes tridimensionales del Pirineo, que un nieto de los que hoy leen esto, vuelve entonces a hacer, y, soñando, soñando, ese Pirineo quizá se parezca más a aquellas viejas fotos en blanco y negro que hizo hace casi doscientos años un tal Briet, sí, ese pirineista francés rescatado por José Luis Acín Fanlo allá por el 2000, y quizá ese libro imaginario se llame "Tras la senda abierta por Briet y Acín Fanlo. Bellezas permanentes del Alto Aragón".

chema glera