Una pequeña excursión por el campo hasta Caspe
por el viajero Javier Mendivil.

A veces no admiramos lo que tenemos mas cerca, o lo que no coincide con los cánones establecidos, por eso te propongo este recorrido de contrastes que lleva de Zaragoza a Caspe.

Te recomiendo salir de Zaragoza en coche en dirección a Barcelona por la N-II, a mitad de mañana un día cualquiera, mejor en verano para apreciar mejor la fuerza del resto del viaje. Zaragoza es una típica ciudad de servicio e industrias, bulliciosa y movida con un tamaño medio y cuyos 5 minutos de atasco se ven aquí como un gran mal. Diez minutos más tarde (quince si hay atasco) estaremos saliendo de la ciudad más allá de Santa Isabel, y el primer cambio nos sumerge en huerta.

Zaragoza está rodeada por un cinturón de fértil huerta que sigue paralela el trazado del Ebro y que se aprecia a ambos lados de la carretera, pero este paisaje solo nos durará otros diez minutos. A la izquierda unos acantilados resecos, macizos y pelados, recuerdo de un mar primigenio que nadie conoció, nos anuncian el desierto que se aproxima.

Viaje Zaragoza a Caspe

Sin que nos demos cuenta la vegetación desaparece o se pega al suelo y en media hora todo es ya tierra, luz y sol. Al llegar a Bujaraloz, capital de los Moneg ros, hay que desviarse hacia Caspe buscando el mar (el mar de Aragón, el otro está más lejos). Desde Bujaraloz se desciende por el desierto hacia el agua. Es sorprendente esta tierra seca y pelada que se hunde de bruces en la gran masa de agua.

Viaje de Zaragoza Caspe 2

Cruzamos el río por un puente cuyos arcos se hunden en el agua y llegamos a Caspe. Este tierra se llama el bajo Aragón. Tan bajo, que en las depresiones que se forman se almacena la escasa agua que cae (en algunas zonas menos de 200 mm al año) dando lugar a lagunas saladas con una vegetación y fauna únicas en toda Europa. Caspe (8.000 habitantes) es la capital de esta zona, el "Mar de Aragón", la población con más kilómetros de litoral del país, el paraíso de pescadores y deportistas. Aquí se pescan monstruosos siluros de 40 kilos de peso y 2 metros de largo.

Tras un viaje filosófico por la tierra, el sol y el agua es hora de abandonarse a los placeres de la carne. El famoso ternasco de Aragón con reconocida calidad, podría tener compañía de verduras de la huerta (borrajas y acelgas), preparadas con un aceite de oliva de alta calidad y de postre melocotón con vino y "tarta de balsa". Todo ello como preludio a la siesta que puede realizarse bajo cualquiera de los arboles que pueblan esta localidad y que asomados al río permiten ver deslizarse tranquilamente a las velas que lo recorren.

© 2000 Javier Mendivil Navarro

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