Agnues dei 1

"Agnus Dei"
Santiago Gascón Santos
Institución Fernando el Católico. Diputación Provincial de Zaragoza
2000. Zaragoza.
Ilustraciones de Rafael Pérez Estrada

En Mayo del 68 no sólo se produjo una revolución en París, también en el pequeño corazón de Carlos Berroy se estaba gestando al menos un revoltijo de dudas y de inconformismos, aunque él mismo no lo supiera:

"Era mayo del sesenta y ocho y estaba muy lejos de París, lejano en la distancia, porque entonces, hablar de mil kilómetros era como un viaje al fin del mundo; aunque me hallara mucho más lejos en el tiempo, unos dos siglos hacia atrás, en un país que ni siquiera había comenzado a desperezarse, en un pueblo a donde todo llegaba en diferido. Me hallaba lejos porque sólo tenía seis años y estaba a punto de recibir la primera comunión y toda mi inocencia y mi ignorancia eran incompatibles con saber que en esos mismos instantes se producía la revolución más hermosa en las calles de París".

Este es el primer párrafo de Agnus Dei, un relato de Santiago Gascón Santos, 87 páginas en la edición publicada por la Institución "Fernando el Católico" de la Diputación de Zaragoza. Nos resistimos a comenzar este comentario diciendo que se trata del Premio Isabel de Portugal de Narración Breve 1999, porque en realidad se trata de un texto literario bastante consolidado, que no necesitaría el aval del premio para ser de sobras interesante para el lector por sí sólo. El problema será -en todo caso- la dificultad de distribución de este tipo de ediciones institucionales, pero esto es harina de otro costal.

En un pequeño pueblo de la provincia de Zaragoza, dos hermanos, Silverio y Carlos Berroy, van a hacer la primera comunión. En forma de monólogo, el protagonista ya adulto y desencantado de la vida, Carlos, recuerda cómo se enfrentó, con una mentalidad abierta, con esa luminosidad inocente de la inteligencia infantil, a las casposas costumbres, los cerrados tabúes y las hipocresías de una sociedad rural herida por los recuerdos de la Guerra Civil. Religión y doctrina católico-franquista; doble moral sexual y silenciados horrores bélicos son los árboles que no dejan al pequeño ver el bosque:

"... no había forma de encontrar un resquicio por donde escapar de tanta realidad", dice el niño, que sólo encontraba seguridad junto a Marcial, el agricultor sabio, que conoce el cielo y los refranes; y sólo encontraba paz e imaginación en la música francesa y la canción protesta de su primo Quique, el estudiante revolucionario.

-"Porque en cuatro días me habían derrocado a mis Reyes Magos, me habían matado a la cigüeña, habían desterrado de mi imaginación a los ogros, a los duendes y a las hadas, y la única fantasía que podían ofrecerme eran el infierno, las vidas de los santos y los milagros de los lisiados, y yo necesitaba creer que no había límites en el mundo, que la realidad más gris podía transformarse, en un instante, en un cielo de música multicolor".

Pero la realidad más real de todas, la muerte, aparece tras la esquina de una página, en el dormitorio de su abuela Angela: "Por eso quise que me dejaran ir al velatorio para comprobar cómo volaba su espíritu, pero únicamente me permitieron acompañarla hasta el cementerio, donde no vi absolutamente nada, sólo el llanto de mi familia, la confirmación de que ninguno de ellos creía en lo que predicaba, y lo que era peor, sólo el miedo ante sus propias muertes". Y en el lado opuesto, otra realidad que redime a la anterior: el amor, la belleza y Manuela, la criada. Secretos inconfesables de familia sobrevuelan las reflexiones de Carlos, y al final... bueno el final es de esos en los que a cada personaje de reparto, buenos y malos, se les da su papel, por eso mejor no contarlo.

Rafael Pérez Estrada ha puesto sus dibujos -quizá fueron sus últimos dibujos- y esas líneas de tinta que ahora ya se han ido contribuyen a iluminar el retablo de las pequeñas vidas de Carlos, Silverio, Marcial, Quique, la Bisa, Mama Lola, Manuela, Don Fermín, Don Enedino, Agustina Samper...

Agnus dei

Por cierto, Agnus Dei significa Cordero de Dios en latín, nombre atribuido por la religión católica a Jesucristo, y esto lo decimos porque ya no hay que dar por hecho que todos los españoles tengamos la cultura religiosa que recibió el pobre Carlos Berroy.

chema glera