La ruta del desierto: de Zaragoza a los Monegros
por el viajero Javier Mendivil

Este viaje, aunque presenta un acusado contraste entre la aglomeración de Zaragoza y la extrema soledad del auténtico desierto, entre los parques arbolados de la capital y la estepa árida y seca de los Monegros, supone hacer un recorrido mínimo de tan sólo 60 kilómetros.

Salimos de Zaragoza por la autovía de Huesca. En este primer tramo, como en la mayoría del viaje, una autovía cómoda y nueva nos conducirá a nuestro destino. La salida pasa entre las instalaciones militares y la Ciudad del Trasporte, enseguida una curva a la izquierda nos evita el paso por Villanueva de Gállego. Posteriormente la autovía se tira al monte y permite ya (ojo con los despistes...), admirar un paisaje seco y rotundo mas allá de los cortes geológicos generados por la obra de la carretera. Aquí y allá, algunas esculturas ornamentales adornan el recorrido, construidas con materiales de deshecho de la construcción, reciclados.

Pasamos Zuera, volvemos a bajar a la vega del Gállego donde florecen los cultivos de regadío y continuamos hasta Almudévar, donde hay que salir de la autovia con destino a Tardienta.

Al dejar la autovía (utopía) se toma contacto con el Aragón real al recorrer una carretera comarcal, estrecha, serpenteante y descuidada, como tantas en Aragón. Sitiando la carretera con un abrazo próximo, se sitúan los campos de labor allí donde el desierto se ha convertido en huerta por obra y milagro del agua traída desde los pirineos. Antes de entrar en Tardienta hay que humillarse bajo esta agua preciada y milagrosa que es conducida aquí por los aires y acorazada para que nada se pierda o nadie la robe.

Tardienta es, salvando las distancias, como los pueblos que salen en las peliculas del oeste. Un gran depósito de trigo junto a la estación de ferrocarril, marca la identidad del pueblo y señala una actividad económica importante.

Pero el viaje no acaba en el pueblo: nos desviamos a la entrada, hacia el Aeródromo, que perfectamente podría haberlo empleado Indiana Jones en sus aventuras africanas. Su pista, sus angares, sus edificios de servicios y la escasa torre de control así lo ponen de manifiesto.

Cuando llegues al aeródromo, te espera la sorpresa: encontrarás hasta camellos esperando en este singular paisaje. El viajero no avisado se sorprenderá sin duda, al encontrar un desierto tan especial, amplio y extenso en plena Europa, compartiendo flora y fauna con el norte de Africa. Pero quien conoce Aragón sabe que esta tierra es así, un desierto rodeado de montañas: la españa interior seca, árida y despoblada.

Los camellos han venido hace unos años desde Marruecos y nos les ha costado nada adaptarse a este desierto seco y árido como el de su lugar de origen. Ahora están como en su casa, y forman su propia familia.

Observa atentamente esta foto de familia. En ella podrás ver tres camellas y medio, y su paisaje natural.

La morena de la izquierda (Melchora) tiene hasta ricitos y es la más sexi y pizpireta de las tres. La marrón de la derecha (Gaspara) es la mas simpática. Por último, la mas clara de en medio (Baltasara) es la mas tímida.

© 2000 Javier Mendivil Navarro

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