Hoy he llegado a ser mucho más pesimista. Creo que nuestro mundo está perdido. Será destruido por la explosión demográfica, la tecnología, la ciencia y la información. Es lo que llamo los cuatro jinetes del apocalipsis. Me siento asustado por la ciencia moderna que nos conducirá a la tumba por la guerra nuclear o las manipulaciones genéticas, a menos que lo sea por la psiquiatría como en la Unión Soviética. Europa deberá recrear una nueva civilización, pero temo que la ciencia y las locuras que es capaz de desencadenar no dejen tiempo para llegar a hacerlo.
Si tuviese que hacer un último filme, lo haría sobre la complicidad de la ciencia y del terrorismo. Aunque comprendo las motivaciones del terrorismo, las desapruebo totalmente: hacen el juego a la derecha y a la represión. Uno de los temas del filme sería el siguiente: una banda de terroristas internacionales se prepara para cometer un grave atentado en Francia, y en ese momento se conoce que una bomba atómica ha explotado sobre Jerusalén. La movilización general es decretada en todos los lugares; la guerra mundial es inminente. Entonces, el jefe de la banda telefonea al Presidente de la República. Informa a las autoridades francesas del lugar exacto, en una barcaza cerca del Louvre, donde pueden recuperar antes de que explote la bomba atómica que han depositado allí: En efecto, su organización había decidido destruir el centro de una civilización, pero ha renunciado al atentado porque la guerra mundial va a estallar y la misión del terrorismo ha terminado. En adelante es asumida por los gobiernos que toman a su cargo la destrucción del mundo.


[El guión concluye así:
EXT. CIELO DÍA
El cielo, sombrío y amenazador.
En el cielo se eleva el lúgubre hongo atómico.
Las nubes que coronan el hongo se disipan lentamente.
Una silueta imprecisa aparece sobre las nubes.
Esta silueta, que reposa sobre la cima del hongo,
se aproxima a nosotros. Podemos reconocer a Cristo,
con la mano derecha levantada, inmóvil.
Se aproxima poco a poco, rodeado de nubes cada vez más sombrías.
Sus ojos no son más que órbitas vacías.

Agon. Luis Buñuel, 1978]

El exceso de información ejerce también un importante deterioro en la conciencia de los hombres actuales. Si el Papa muere, si un Jefe de Estado es asesinado, la televisión está allí. ¿Para qué le sirve al hombre estar presente en todas partes? El hombre de nuestros días jamás se encuentra consigo mismo como sabía hacerlo durante la Edad Media.
De todo esto resulta que la angustia es absoluta, y la confusión, total.

 

Luis Buñuel
"Pesimismo".
En "Recordando a Luis Buñuel", Pedro Christian García Buñuel. Zaragoza, 1985.