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La documentación notarial es fuente constante de acontecimientos y conocimiento histórico. De forma similar a como hacemos en la actualidad, nuestros antepasados procuraban registrar todos los actos y compromisos que tuvieran un mínimo de transcendencia: desde deudas, ventas o contratos de cualquier tipo, a matrimonios o testamentos, la vida de un ciudadano medio quedaba reflejada en los protocolos de los notarios. Y también las obras de arte encuentran en ellos reflejo del proceso de su realización.

protocolo Lizana

Recientemente una persona anónima ha hecho llegar al Gobierno de Aragón un legajo del año 1506 del notario oscense Felipe de Lizana, desaparecido hace décadas de los archivos. En él se contienen las "capitulaciones" (o contrato) para la ejecución del retablo del monasterio del Montearagón, uno de los más importantes dentro de la rica e importante producción retablística aragonesa, actualmente guardado en la catedral de Huesca. Se tenía noticia de estas capitulaciones desde que fueron publicadas en 1522 por J. Zabay, pero se ignoraba su paradero.

El contrato de obra es un texto manuscrito por el escultor darocense Gil Morlanes, el viejo, a quien el capítulo del monasterio encargó la ejecución del retablo el 16 de julio de 1506. Sin duda, empresa y autor se merecían el uno al otro. El retablo de Montearagón es un espléndido trabajo en alabastro realizado en los años de transición entre el gótico y el renacimiento, si bien entronca más enteramente con la tradición gótica, siguiendo como modelo el retablo mayor de La Seo de Zaragoza, en el que Gil Morlanes participó. Pináculos, doseletes y hornacinas se suceden entre una rica imaginería religiosa del acerbo católico: Adoración de los Reyes, Predicación de San Victorián, Piedad, Santos Inocentes, Resurrección, Transfiguración, Juicio Final, Ascensión. Todo ello es minuciosamente descrito en la capitulación, incluso con la ayuda de dibujos y bocetos, que habrían de servir de referencia y garantía tanto a encargantes como al artista. Morlanes, a quien Fernando el Católico había nombrado escultor real en 1493, cobró por su trabajo 24.000 sueldos, una cantidad muy importante para la época.

Datos como éstos últimos sólo son desvelados a través de la documentación escrita. Podemos estudiar una obra de arte, describirla, reseñar su estilo. Pero sin la documentación histórica apenas podemos conjeturar acerca de su autor, de su precio, su fecha de realización, etc. Todas las circunstancias que nos ayudan a comprenderla.

Por lo tanto, y en lo que refiere al patrimonio cultural, si importante y vital es la protección, recuperación y conservación de las obras, igualmente lo son las del material contenido en nuestros diversos archivos históricos: provinciales, municipales, notariales, parroquiales, privados… Y queda mucho por hacer al respecto.

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