Número VI MMII Enero-Febrero

Duendes
La leyenda barda de Pwyll
La Cova da Serpe (Galicia)
Arboles y bosques mágicos

Susana García y Josep Ruiz (entrevista)
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El viejo Tom Bombadil
y un servidor

por Chema G Lera

-- Más seres de leyenda--

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Las Brujas


Capítulo VI
Tom es un sujeto sencillo

Uno de los biógrafos de Tolkien, Grotta, explica que Tom Bombadil era un muñeco que poseía su hija Priscila, y que fue un deseo de ella el que llevó a Tolkien a incluirlo en la historia. Muchas veces Tolkien dijo que escribía para niños. Es cierto que el nivel de los libros no parece estar al alcance de determinada lectura infantil, pero también es cierto que muchos críticos se vuelven locos intentando encontrar la "oscura causa psicológica" que lleva a ciertos adultos a gozar con un libro "de fantasía o de hadas" como éste (o por lo menos, esta era una opinión extendida especialmente en España en los primeros años tras la publicación de la trilogía, antes de que se convirtiera en "fenómeno mediático").

Al lado de Tom Bombadil todo es inocencia, sencillez, alegría infantil. El viejo hombre-sauce recuerda al abuelo cascarrabias de los cuentos. El amor que Baya de Oro siente por Tom se describe con unas hermosas palabras: "Y el corazón le golpeaba", o según otra traducción, "el corazón de ella se agitaba". Ahora bien, la causa es el susto que Tom le dió cuando la tomó en el río para llevarla consigo a su casa del bosque. Así se cuenta en tres pequeños cuentos, Las aventuras de Tom Bombadil, en los que conocemos el tranquilo y feliz discurrir de sus días. Leemos, por ejemplo, que los invitados a la boda de Tom y Baya de Oro son animales, y que Tom habla a menudo con ellos. La vida de la pareja transcurre fiel al famoso "... y vivieron felices" del final de los cuentos tradicionales.

Cualquiera diría que estos sí son cuentos de niños, pero ante El Señor de los Anillos ya no parece tan claro. Aunque es el mismo Tom el que aparece en unos y otro. Gracias a él, entendemos que existe una forma de ser propia de la infancia, ciertos sentimientos y actitudes que, aunque queden ocultos por capas de madurez, permanecen en el interior de hombre y mujeres. Lecturas como la de El Señor de los Anillos parecen despertarlos, no se han perdido del todo.

Tom Bombadil sabe que sólo con la sensibilidad de los niños se puede vivir plenamente. Sólo con ojos dispuestos a descubrir cosas nuevas cada día, puede uno asombrarse ante una hoja que cae, acunada por el otoño, o ante una gota de agua que tiembla en el pétalo de una flor, o ante las mil caras del tronco de un árbol, o ante el inalcanzable azul de la cima de la montaña. Porque para los niños, cada día es el primero de la Creación.

Capítulo siguiente:
Epílogo y un par de enlaces
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