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Texto:
Letentur celi et exultet terra, jubilent
montes; qui sunt justi respirent, et confidant peccatores et lapsi, ammirante
opera Xpisti. Re
vera, Spiritus ubi vult spirat, re vera, cor regis est in manu Dei, et
quocumque voluerit, illud indulcat et convertit.
Ecce A(lfonsus), strenuus et
gloriosus rex Aragonensis, quam plurimis strenue sue militie exerciciis ad
libitum fere expletis, inspirante et cooperante Spirirus sancti gratia,
consilio et auxilio vicecomitis Gastonis ceterorumque bonorum principum,
duxit fore idoneum atque per omnia domino Deo placitum, quemadmodum ut
Ierosolimis ordinare et constituere militiam Xpisti, per quam, rege duce,
debellatis et superatis omnibus de citra mare Sarracenis, iter aperire ad
transfretandum Ierosolimam, Xpisto previo, disposuit; et qe (sic), de
Darocha usque ad Valenciam, erant invia et inculta et inabitalia (sic)
heremi loca, edificavit civitatem, quam vocavit Montem Regalem, id es regis
celestis habitationem, in qua militia Dei propriam haberet sedem, et euntes
et redeuntes necesaria invenirent et securam pausationem.
Ad honorem autem Dei et
sancte militie sustentationem, dedit rex medietatem redituum ipsius
civitatis, et medietatem medietatis sue Xeborc, et de Biniol, et de Conca, et
de Molina, et de Burbaca, et de portu de Caramana, de his et de omnibus
infrapositis usque ad Montem Regalem; insuper, medietatem omnium quintarum de
Ibero in antea per totam Ispaniam, et quintam partem omnium proprietatum et
regalium reddituum; in omnibus etiam civitatibus et majoribus castris que
sibi Deus donaverit, unum de melioribus alodiis, militibus Dei concessit;
praeterea, uno quoque anno, in Jaca mille solidos, et totidem in
Cesaraugusta, et per quinquennium, singulis annis, quingentos k(aficios)
tritici et quingentos ordei.
Ad hoc et addidit rex, ut hec sancta militia
ad (sic) omni genere servitutis, et nominatim a quinta sit libera et
injenua (sic), quemadmodo militia confraternitatis Iherosolimitana, et
ut omnes ad hanc confraternitatem convenientes, tam amici quam inimici, et
ipsi et sua, in eundo, in morando, in redeundo, plenam habeant securitatem et
securam tranquillitatem.
Et quia ad hoc tantum bonum omnis ordo
ecclesiasticus insudare debet, complacuit episcopis quod ipsi cum omnibus
clericis suis essent fratres et participes totius remunerationis, et ob hoc,
semel in anno, quisque episcopus et omnes sacerdotes sui episcopatus, pro
omnibus defunctis confraternitatis et omnibus benefactoribus suis, singulas
missas celebrarent et Deo sacrificia offerent (sic), et in vita tam
confratres quam confratrum benefactores omnium ecclesiarum suarum beneficiis
essent consortes.
Sane, quicumque militum vel peditum, ad serviendum Deo,
huic sancte adheserunt societati, omnibus eque victu communi comunicata et
perdita restituentur et adquisitorum medietas alacriter concedetur.
Similiter, nos omnes episcopi regni domini nostri gloriosi
regis Adefonsus (sic), una cum abbatibus et clero sive omni populo,
pro divino opere et gratissima (sic) exortatione gracias refferimus
Deo altissimo, atque ipsum suosque quicumque sunt fideles Xpisti adjuvantes,
relictis peccatis et accepta penitencia, dompni pape, predecessorum quoque
suorum, insuper beatorum apostolorum Petri et Pauli auctoritate, quemadmodum
Iherosolimitanos, ab omnibus absolvimus peccatis.
Addimus etiam hoc quod nos
omnes episcopi precipiemus, in consiliis seu festivitatibus, clericis
nostris, ut omnes pariter memoriam faciant regis et principum suorum, maxime
pro illis qui hac sunt sancta confraternitate, et hoc bis in anno, singulas
missas celebrando.
Ego, Guillelmus, Auxiensis archiepiscopus, facio me
confratrem ipsius confraternitatis, et absolutionem seu remisionem superius
factam laudo et confirmo, et insuper absolvimus eos de sua penitencia, ita
tamen ut quicumque per mensem unum denarium dederit, habeant absolutos XL
dies de sua penitentia. Mittimus
vobis hunc nuntium, nomine Sancio Garcez, ad helemosinam recipere, et donate
ad illum, sive ad suos homines, quod Deus vobis miserit in corde.
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Traducción:
Alégrense los cielos,
y salte de gozo la tierra, festejen los montes; quienes son justos respiren y
confíen los pecadores y relajados al admirar la obra de Cristo. En verdad, el
Espíritu Santo cuando quiere inspira; en verdad, el corazón del rey está en
poder de Dios, y a quien quiere lo inspira y convierte.
He aquí que Alfonso, valeroso y glorioso rey Aragonés,
terminadas victoriosamente la mayor parte de las campañas de su valerosa
milicia, por la gracia del Espíritu Santo, con su inspiración y ayuda, con el
consejo y apoyo del Vizconde Gastón y de los demás buenos príncipes,
considerando que sería bueno y agradable a Dios por todos los tiempos,
dispuso organizar y constituir una Milicia Christi, por medio de la cual
pudiese, bajo su dirección, abatidos y vencidos todos los sarracenos de este
lado del mar, abrir un camino para viajar a Jerusalén, con la voluntad de
Cristo. Y puesto que desde Daroca hasta Valencia se extendían grandes
desiertos, sin caminos, y lugares yermos e inhabitables, edificó una ciudad,
que llamó Monreal, esto es, mansión del Rey Celestial, en la que la Milicia Dei tuviera su propia sede, para que tanto los que van como los que vienen hallasen
descanso segur.
Dio el Rey, en honor de Dios y para sustento de la santa
milicia, la mitad de la renta de esta ciudad, y la mitad de su mitad de
Segorbe, y de Buñol, y de Cuenca, y de Molina, y de Burbáguena, y del Puerto
de Cariñena, desde estas y de todas las infra escritas hasta Monreal; además,
[dio] la mitad de todas las quintas del Ebro por toda España hacia delante, y
la quinta parte de todas las propiedades y rentas reales; concedió a los
caballeros de Dios, en todas las ciudades y castros mayores que Dios le
diese, uno de las mejores propiedades; además, [concedió] cada año mil
sueldos en [ las rentas de] Jaca y otro tanto en Zaragoza; y cada año,
durante un quinquenio, quinientos cahíces de trigo y quinientos de cebada.
A todo esto añadió el rey que esta santa milicia fuera
libre e ingenua de toda clase de servicio y particularmente de la quinta,
como la milicia de la hermandad Jherosolimitana, y que todos los que vengan a
esta cofradía, tanto amigos como enemigos, que ellos y sus pertenencias,
tanto al ir, como al volver, o mientras permanecieran, que tengan plena y
segura tranquilidad.
Y porque el Orden eclesiástico debe contribuir a un bien
tan grande, agradó a los obispos que ellos mismos con todos sus clérigos
fuesen hermanos y partícipes de todo beneficio, y por esto, una vez al año,
cada obispo y todos los sacerdotes de su episcopado, celebrasen sendas misas
y ofreciesen sacrificios a Dios, en favor de todos los difuntos de la
cofradía y de todos sus benefactores, y que en la vida terrena, tanto los
cofrades como sus benefactores de todas sus iglesias fuesen copartícipes de
los beneficios.
Igualmente, a cualquier caballero o soldado que se ha
inscrito en esta santa milicia para servir a Dios, que a todos les sean
restituidas, la montura, la comida o cosas entregadas y perdidas, además, se
le concederá con gozo la mitad de los bienes adquiridos.
Igualmente, nosotros, todos los obispos del reino
de nuestro señor Rey Alfonso, juntamente con los abades y el clero y con todo
el pueblo, por la divina obra y la gratísima exhortación, damos gracias al
altísimo Dios y, por la autoridad de nuestro señor el Papa, y también de sus
predecesores, y especialmente de los santos apóstoles Pedro y Pablo, de la
misma manera que a los Jherosolimitanos, a aquel [cofrade] y a aquellos
benefactores cualesquiera que sean fieles de Cristo, confesados sus pecados y
aceptada la penitencia, los absolvemos de todos sus pecados.
Añadimos incluso esto que nosotros, todos los obispos,
ordenamos a nuestros clérigos que, en reuniones y festividades, todos hagan
memoria por igual al rey y a sus príncipes, especialmente por aquellos que
están en esta santa cofradía, y esto, dos veces al año, celebrando sendas
misas.
Yo, Guillermo, arzobispo de Aux, me hago cofrade de esta
hermandad y concedo y otorgo la absolución y remisión escrita más arriba, y
de nuevo, absolvemos a aquellos de su penitencia, de manera que, cada uno que
entregue un denario por mes, tenga absueltos cuarenta días de penitencia. Os
enviamos este mensajero, de nombre Sancho Garcés, para recibir la limosna.
Entregadle a él, o a sus hombres, lo que Dios ponga en vuestro corazón.
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